
Soy una mujer muy sexual, y eso me ha traído problemas.
Problemas con mujeres, que me llaman perra y me desprecian sin tomarse la delicadeza de primero conocerme.
Problemas con hombres, quienes se acercan a mí con la única intención de…
Y sí, es cierto. Si ser una perra es acostarse con varios hombres y tener encuentros casuales donde el sexo es la única motivación, soy una perra. Y con orgullo.
Vale aclarar que no me meto con hombres que están en una relación. Si las mujeres me odian es porque ven el deseo en los ojos de sus chicos, pero no por un acto mío. A esos no les doy ni la hora. La confianza es la base de todo, y yo no tengo razones para interrumpir la felicidad de otras. Aunque, tema aparte, no entiendo cómo pueden estar, esas chicas que tanto me odian, con tipos que tanto me desean: claramente ellos no están tan dedicados como ellas. En fin.
No soy bonita, pero soy sexy. Descubrí que cuando te olvidas de los tabúes y disfrutas tu sexualidad, cambia la manera en que vives, la manera en que te ves. Te sientes más feliz, relajada, tranquila. Te mueves sin ataduras, sin precauciones encima. Ser libre, y sentirte bien con tu libertad, hace que brilles, y aumenta tu sensualidad. El mundo lo nota.
Lo que me lleva al otro problema. Una mujer abierta acerca de su sexualidad es como sangre para pirañas. Los hombres (1)hablan de ti [todos menos unos pocos, que suelen ser los que valen la pena] con sus amigos en términos no muy agradables; (2)asumen lo que quieran de ti y (3)se acercan a ti llenos de mentiras para meterse en tus pantalones.
No voy a decir que me molesta que me vean como un objeto para saciar sus deseos porque yo los veo a ellos [a la mayoría, al menos] de la misma manera. Por eso es necesario tener las cosas claras. Me acuesto con los que me parecen atractivos, o tienen algo sexy en su personalidad. Rechazo a los que intentan pintarme cuentos de hadas que sólo producen diabetes.
Aquí va el primer consejo para los hombres: sean sinceros con sus intenciones. Si lo que quieren es acostarse con una niña, por el simple hecho de hacerlo, no las enamoren primero. Hay corazones muy frágiles que buscan aferrarse a cualquier ilusión. Creo que todos somos así, buscamos que nos den esperanza, que nos hablen de amores duraderos, de miradas profundas, de lo mucho que dicen nuestros ojos sobre nuestra alma. Pero si no es verdad, ahórrenselo. Lo único que logran, una vez se han acostado con su víctima y han decidido irse, es herir a la persona. ¿Por qué, si el mundo ya es una porquería por si solo, van a darle más motivos para llorar a alguien?
Y créanme, si son sinceros acerca de sus intenciones, van a conseguir lo que quieren. De hecho, cuando lo logren, lo van a disfrutar más, porque no tendrán encima de sus conciencias el peso de sus mentiras, y luego el peso de haber herido a otra alma. Nosotras también queremos sexo casual, sólo porque es rico. Quizás porque ustedes están buenos. No todo tiene que estar envuelto en promesas de trascendencia.
Mi consejo para las mujeres es similar: sean sinceras, no sólo con los hombres, sino con ustedes mismas. Exploren su sexualidad, sus deseos. Y no esperen que todo hombre que se les acerque quiera casarse con ustedes. Los humanos somos, en últimas, animales. Nos mueven las ganas. Hay que matarlas [siempre con responsabilidad, no se vayan a encartar con un bebé].
Ser perra, y ser tan abierta con mi sexualidad, me ha permitido (1)evitarme muchas desilusiones y (2)aprender a conocer a los hombres.
Siento miedo, lo admito. Muchas veces pienso que sólo se acercan a mi para tener sexo, y que jamás encontraré a una persona que se quiera quedar conmigo por más tiempo. Pero ese es un miedo que experimentamos todos, hombres y mujeres, perros, perras, recatados y recatadas.
Lo que he descubierto, para mi alivio, es que en la sinceridad de las intenciones se conoce mejor a las personas. Sí, la mayoría de los que se acercan a mi son ganosos en búsqueda de una noche loca. Pero también se acercan hombres tiernos, personas que genuinamente se han interesado por mí.
Eso, al final, creo que es la vida: un montón de encuentros superficiales entre los cuales hay que pescar a un príncipe azul. Pero nadie dijo que no podemos disfrutar la búsqueda. Y créanme, es mejor pescar entre orgasmos que entre lágrimas.
Con desenfrenada pasión,
Diana




5 comentarios
Feed de los comentarios de este artículo
enero 11, 2011 a 6:14 am
ButterflyIMAK
Que alegría se siente leer algo así!
Es realmente liberador y por liberador me refiero a la sensación que sentí (valga la redundancia) inmediatamente después de terminar de leer, la sinceridad pero sobre todo la naturalidad con la que escribiste me dejaron con la boca abierta, está increíble
Muchos Éxitos
enero 11, 2011 a 4:36 pm
Diana
Muchas gracias por tus palabras.
No fue fácil, escribirlo, especialmente por el constante rechazo que he vivido. Pero todo eso se vuelve en experiencias que hay que saber aprovechar.
enero 11, 2011 a 3:13 pm
Afrodita
Mujer, me has dejado con la boca abierta. Me identifico contigo. Realmente no entiendo porqué hay tanta dificultad para los demás, entender que nosotras también tenemos derecho a disfrutar de nuestra sexualidad, con o sin compromiso. Estoy de acuerdo en muchas cosas, entre esas: en que lo que menos busco es que los hombres le pongan los cuernos a sus novias o esposas conmigo.
Me encantó leerte y seguiré tu consejo: mejor pescar entre orgasmos que entre lágrimas.
Un abrazo,
enero 11, 2011 a 4:50 pm
Diana
¡Un abrazo! Y muchas gracias
febrero 27, 2011 a 12:57 am
Pescando entre orgasmos a un príncipe azul « Jkrincon
[...] yo soy el escritor fantasma de este artículo publicado en Juntos [estamos]. Es basado en las experiencias de una amiga [...]